cuando todo es normal, monótono, aburrido y sin altibajos, ella no viene, desaparece, no hace visitas inesperadas dejando los daños de un huracán, sin ella todo está mal, porque nada es normal, el hecho de considerar algo de esa forma, simplemente lo hace diabólico.
El mundo debería darse cuenta de su anormalidad, así no habrían más días grises, ni el sol tendría pereza de salir, el agua no tendría flojera de fluir y nosotros como humanos no le tendríamos fastidio al existir.
No sé si deba extrañarla, no sé si deba llamarla, incitarla a que con su llegada destroce mi vida para luego armarla de nuevo analizando cada paso que doy.
Todos deberíamos tener una, así dejarían muchos el cinismo y la sociedad comenzaría a transformarse en una utopía colectiva.
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